Atena. Diosa de la guerra y la
estrategia.
Mi trabajo es mi campo de
batalla.
A través de los años aprendí que a veces la mejor estrategia en el mundo corporativo es pasar inadvertida, otras quedarse quieta y callada; en los momentos requeridos, pocos, a veces aparece una oportunidad para resaltar.
Los discursos no
permiten salirse del libreto. Se te alienta a “pensar distinto”, pero no
demasiado. A veces más que un campo de batalla parece un campo minado.
Y a veces hay
demasiada presión en este juego de “ser o no ser”. Si te vas fuera de los límites
de la cancha, so sorry - Game Over. Si seguís las reglas a pies juntillas, pero
sin ofrecer nada diferencial “te estás manteniendo dentro de tu área de comfort”.
No es fácil. Sin
embargo, es mi ambiente. No conozco otro lugar. A veces me gustaría dedicarme a
la docencia, al sector público o trabajar en una ONG u otro campo, pero la
transición no sería sencilla, y no estoy segura si es la mejor decisión.
También aprendí
que no es el mejor lugar para hacer amigos. Y que “las familias” no son tu
familia. Y que trabajo no es casa. Y que la lealtad no abunda.
Cuando empecé mi
carrera, aprendí que son pocas las personas en las que se puede confiar. Y que
por más código de conducta o de ética que exista, hay otro código no escrito,
que es más útil para la supervivencia que los otros.
Y también, en mi
carne y en mi mente aprendí que hay empresas que enferman, o contribuyen a
enfermarte en gran parte, y en algunos casos te descartan luego.
Sé que tengo una
visión pesimista, quizás demasiado negativa, debido a mis vivencias. Intento no
pasar mis prejuicios o sesgos a las nuevas generaciones, por cuanto mis experiencias
son intransferibles.
Con alegría me
entero que cada vez más las empresas son más conscientes y responsables en
casos relacionados con acoso laboral, sexual, y de entornos de extrema presión.
Y que la legislación tienda a proteger a los trabajadores en estos aspectos. Quizá
esto contribuya a que algunos jefes y
jefas bárbaros entiendan que sus conductas no son algo sobre lo que pueden enorgullecerse,
sino que están coqueteando con lo ilegal y constituyen delitos punibles por el
código penal. Y ya no sean observados con admiración (“Fulanitx era un hdp,
pero gracias a eso aprendí un montón”) sino con desdén.
Por suerte vivimos
en un mundo diferente al que yo viví en mis veintipocos años. Ahora, en mis
treinta y pico, todavía me debo la carrera que soñé cuando entré, ilusionada,
al mundo laboral. Pero tengo la tranquilidad de un ambiente de trabajo que no
es tóxico, y donde puedo, cada tanto, ser yo misma y hasta sonreír.


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