3. Serie Diosas griegas - Atena


Atena. Diosa de la guerra y la estrategia.

Mi trabajo es mi campo de batalla.

Eli es Atena

A través de los años aprendí que a veces la mejor estrategia en el mundo corporativo es pasar inadvertida, otras quedarse quieta y callada; en los momentos requeridos, pocos, a veces aparece una oportunidad para resaltar.
Los discursos no permiten salirse del libreto. Se te alienta a “pensar distinto”, pero no demasiado. A veces más que un campo de batalla parece un campo minado.

Y a veces hay demasiada presión en este juego de “ser o no ser”. Si te vas fuera de los límites de la cancha, so sorry - Game Over. Si seguís las reglas a pies juntillas, pero sin ofrecer nada diferencial “te estás manteniendo dentro de tu área de comfort”.

No es fácil. Sin embargo, es mi ambiente. No conozco otro lugar. A veces me gustaría dedicarme a la docencia, al sector público o trabajar en una ONG u otro campo, pero la transición no sería sencilla, y no estoy segura si es la mejor decisión.

También aprendí que no es el mejor lugar para hacer amigos. Y que “las familias” no son tu familia. Y que trabajo no es casa. Y que la lealtad no abunda.

Cuando empecé mi carrera, aprendí que son pocas las personas en las que se puede confiar. Y que por más código de conducta o de ética que exista, hay otro código no escrito, que es más útil para la supervivencia que los otros.

Y también, en mi carne y en mi mente aprendí que hay empresas que enferman, o contribuyen a enfermarte en gran parte, y en algunos casos te descartan luego.
Sé que tengo una visión pesimista, quizás demasiado negativa, debido a mis vivencias. Intento no pasar mis prejuicios o sesgos a las nuevas generaciones, por cuanto mis experiencias son intransferibles.

Con alegría me entero que cada vez más las empresas son más conscientes y responsables en casos relacionados con acoso laboral, sexual, y de entornos de extrema presión. Y que la legislación tienda a proteger a los trabajadores en estos aspectos. Quizá esto contribuya a  que algunos jefes y jefas bárbaros entiendan que sus conductas no son algo sobre lo que pueden enorgullecerse, sino que están coqueteando con lo ilegal y constituyen delitos punibles por el código penal. Y ya no sean observados con admiración (“Fulanitx era un hdp, pero gracias a eso aprendí un montón”) sino con desdén.

Por suerte vivimos en un mundo diferente al que yo viví en mis veintipocos años. Ahora, en mis treinta y pico, todavía me debo la carrera que soñé cuando entré, ilusionada, al mundo laboral. Pero tengo la tranquilidad de un ambiente de trabajo que no es tóxico, y donde puedo, cada tanto, ser yo misma y hasta sonreír.
Eli trabaja desde casa


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